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16 jul 2018

EL LIBRO, LA LIBRA, LE LIBRE

Hoy, Facebook me preguntaba qué pensaba y no quise pecar de maleducada. Le dije que estoy sumida en un laberinto de dudas porque no podré escribir un mísero microrrelato sin que se convierta en una tarea titánica, y le dejé un ejemplo: el libro, la libra y le libre... ¿O livre? Hay un sustancial cambio de conceptos e incluso de idioma para poder darle el significado acorde. Quizás la solución esté en el esperanto o en el arameo...

Facebook no ha vuelto a preguntar. Sin embargo, yo me estoy volviendo loca. Cuando escogí la foto de una buganvilla podada en forma de árbol, caí en la cuenta de que la enredadera podría convertirse en el enredador... ¡Vaya dilema! Creo que empiezo a transitar derroteros de difícil escapatoria. Volveré a tomarme la temperatura; las gripes veraniegas son malísimas...
Pilar Cárdenes

9 oct 2017

EMBOSCADOS


A veces ocurre que las palabras con una cierta sonoridad no son las que más nos sitúan en un plano de complacencia y de devaneo intelectual, sino que también están las que nos eleva hacia una ambivalencia y displicencia. Cogido de la mano va el que camina hacia la acción de escudarse en una situación cómoda para mantenerse alejado del cumplimiento de otra: “el que se hace el loco”, “eso no va conmigo”, “no se de que me hablan”, o me lo llevo porque no se va a enterar
Por estos lares hay cientos y cientos y más de cientos de emboscados. Mundo virtual y real está a rebosar de comodones, quietistas por no llamarlos de otra manera; personas “tras cortina” que siempre hacen mutis en el foro: donde dije digo, digo diego. Personajes abundantes que ni siquiera son capaces de abrir la boca aunque sea para emitir un quejido; sólo están pendientes de mirarse en el espejo de otros a los que consideran sus protectores y gracias a ellos malviven en estos y en otros territorios.
Pero ¡ojo al dato! Los emboscados cuando salen de su madriguera lo hacen con altas dosis de soberbia que a ellos mismos les crea cierta alarma porque no es la norma. Se sienten superiores. Generalmente  ocurre cuando les han dado un papel de protagonista circunstancial para que saquen pecho y mantengan el tipo. Sin embargo, en esos momentos de cuasi esplendor es cuando más se quedan fuera de juego, se sienten lejos de su sitio porque que no están acostumbrados a ser personas de si mismo, sino eco de los demás.
El emboscado, en esa lamentable situación se encuentra difuminado y por eso con disimulo dirige sus pasos a su madriguera donde reposa en el silencio, la quietud y la degradación social. Ahí se encontrará perfectamente bien ya que es el único dueño de su mundo miserable que sólo él sabe administrar.

© Pilar Cárdenes

24 mar 2017

RED DE REDES Y NAUFRAGIOS

Llevo infinidad de internautas en la bodega de mi casco hundido. Durante los primeros tiempos de su estancia en la red, creyeron que el medio era amable con ellos. Estos espectros se confiaron al tener todo a su disposición. Hubo quienes pensaron en la posibilidad de experimentar una segunda vida al amparo del anonimato, otros se introdujeron en chats y redes sociales abducidos por la quimera. Soltaron amarras y entraron en aguas peligrosas, a la vez que relegaban innumerables tareas inmediatas: relaciones sociales en persona, familiares, sexuales e incluso otras de las que dependía su subsistencia.
También los hubo que se salvaron del naufragio; escogieron otro buque conscientes de la vulnerabilidad de esta nueva manera de relacionarse. Entonces y ahora, surcan los mares virtuales con cautela, sin sentirse abducidos por los últimos sistemas de mensajería, o cualquier aplicación de las múltiples que aparecen cada día. Avezados navegantes que manejan con destreza el timón, virando y poniendo rumbo a otros mares cuando no están a gusto con los vientos que soplan. Un vez izado el velamen, disfrutan el momento de la empopada hacia una nueva aventura... ¿La última quizás?

Oleo 48x38 Isabel Ramirez, 1947                                                                                                           © Pilar Cárdenes